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viernes, 27 de junio de 2014

No tengo dedos

La mayoría de la gente que pide limosna en el metro no tiene graves problemas de salud, al menos aparentemente. Pero aquellos que si sufren alguna dolencia o enfermedad no dudan en utilizarla en su favor para dar más pena e intentar conmover a los pasajeros, como el chico del cáncer que se arrodillaba en mitad del vagón o el señor que iba con muletas enseñando sus piernas ortopédicas.

No tengo dedos
© B.jehle - Wikimedia Commons

El último caso de este estilo del que he sido testigo ha sido sin duda el que más me ha impactado. Creo que era un varón joven, y por el acento seguramente extranjero, pero no puedo asegurar ni una cosa ni la otra. Tenía la cara completamente desfigurada y consumida por el fuego o algún ácido, y enseñaba las manos también quemadas a las que le faltaban absolutamente todos los dedos, cortados a mitad de la primera falange. Y a pesar de que su desgracia era evidente y saltaba a la vista a cualquiera que le echara un mínimo vistazo, se paseaba por el metro con voz chillona pero sin poder apenas vocalizar, al grito de "no tengo dedooo, no puede trabajooo, una ayuda pofaaa".

viernes, 2 de mayo de 2014

El pirata mala pata

Me he cruzado varias veces con un tipo que recorre los vagones del metro pidiendo limosna, arrastrándose entre la gente a duras penas con un par de muletas. Es bajito, luce una barba tupida y lleva un gorro oscuro de lana calzado hasta las cejas. Parece un marinero curtido en mil tempestades, salido de algún comic de Tintín. La última vez que le vi llevaba las perneras del pantalón remangadas dejando al descubierto sus piernas, o más bien, dejando al descubierto su falta de piernas. Yo había mal pensado que las muletas eran mero utillaje para dar más realismo y dramatismo a su personaje, pero me equivocaba. En vez de piernas de carne y hueso tiene un par de piernas ortopédicas. Una no es más que una barra de metal cilíndrica que se ajusta a su muñón y se pierde en la oscuridad de su zapato, pero la otra tiene más volumen, una estructura plástica de color carne que imita una pantorrilla de verdad. No es un marinero corriente al fin y al cabo, sino el pirata mala pata.

El pirata mala pata
© Nemo - Pixabay

viernes, 7 de marzo de 2014

Il cavaliere

No me gustaría, pero a este paso estas historias se van a convertir en un tratado sobre las diversas maneras de pedir limosna en el metro. Hasta ahora todos los casos que había comentado tenían un claro rasgo en común: el respeto del mendicante hacia los demás viajeros. Él o ella entraba al vagón, soltaba su discurso y después pasaba rápidamente entre la gente dando las gracias y pidiendo perdón por las molestias, pero sin acosar a nadie. Sin embargo el último día asistí a un método mucho más agresivo. Un señor bajito con muletas y un vaso de cartón en la mano iba acercándose una por una a todas las personas que estábamos en el vagón diciendo “por favor, cavaliere, para comer” o “por favor, signorina, para comer”. Y si alguien estaba despistado con su móvil, lectura, etc. insistía hasta que le mirabas y le decías que no. El resultado: no vi a nadie que le diera algo.

 Il cavaliere
© ferobanjo - Pixabay

viernes, 14 de febrero de 2014

No vuelva a arrodillarse

Cada persona que pide limosna en el metro tiene su discurso y actuación bien aprendidos. Muchos no destacan por nada en especial, pero hay otros, los que suelo reflejar aquí, que te llaman la atención por una cosa u otra.

Un día entró un chico con pinta de haberse escapado de un campo de concentración nazi, demacrado más allá de lo saludable y con la mirada perdida en el infinito. Decía que tenía un cáncer terminal y que llevaba tres días sin comer, y la verdad es que ambas cosas daban la sensación de ser ciertas. Se arrodilló en mitad del vagón pidiendo dinero o comida y cuando por fin se levantó un señor de mediana edad que estaba muy cerca lo cogió del brazo y le dijo "no vuelva a arrodillarse". Lo siguiente no lo entendí muy bien, pero imaginé que era algo así como "no es usted menos persona que ningún otro, no debe humillarse de esa manera, sólo debe arrodillarse ante Dios". Me dio mucha pena, seguramente el que más de todos los necesitados que he visto hasta la fecha en el metro.

No vuelva a arrodillarse
Magdalena penitente (Canova)

viernes, 10 de enero de 2014

El dúo metadona

¡Feliz año nuevo!

Es triste, pero lo cierto es que hay mucha gente pidiendo en el metro, por eso muchas de mis historias versan sobre ese tema. Los últimos que me llamaron la atención fueron una pareja que iban pidiendo juntos. Entraron en el vagón y ella, con mucho más desparpajo que él, se puso a recitar su historia y a pedir ayuda de cualquier tipo: dinero, comida, o lo mejor de todo, un trabajo.. Comentó que tenían una hija en común, y entonces yo mal pensé “y se llama metadona”. Es cruel por mi parte, pero es que tenían una pinta de yonkis que no podían más, consumidos por la droga y el alcohol, con la voz rota, los miembros huesudos y venosos, llenos de tatuajes.. Después cada uno fue pasando por todo el vagón en direcciones opuestas para cubrirlo lo más rápidamente posible, recolectar la caridad de la gente y marchar al siguiente.

El dúo metadona
© Sammetsfan - Wikimedia Commons

viernes, 8 de noviembre de 2013

Historias para no dormir

De vez en cuando en el metro se planta alguien en mitad del vagón y pide limosna contando alguna historia rocambolesca, como una señora que dice que su hija tiene un cáncer, les han retirado las ayudas médicas y no tiene dinero para los medicamentos con la pensión por minusvalía que tiene ella, u otro con pinta de borracho que dice que ha habido 99 desahucios este año y el último es el suyo y no tiene dinero para pagar un alquiler para su familia, etc.. siempre historias para no dormir, aunque poco creíbles tal y como las cuentan. Pero siempre hay alguien que les da alguna moneda, mayoritariamente mujeres sudamericanas. Luego van un par de vagones más allá y repiten la misma historia, y así una y otra vez.

Historias para no dormir
© edkohler - Flickr

También hay quien hace lo mismo pero intentando vender algo, unas lamparitas para leer libros en la oscuridad, pulseras de cuero hechas por su mujer, huesitos.. El otro día entró un chico más o menos joven y se plantó justo delante de mi, aunque mirando en otra dirección, y empezó a recitar monótonamente y con cara de estar un poco loco: "Jesús me ama, pero yo no le correspondo. Me regaló una bufanda por Navidad y yo ni siquiera le grabé un CD. Por eso para redimirme...", entonces echó mano a la mochila que llevaba y yo pensando a ver qué va a hacer este loco, a ver si la va a liar, y continuó "...vendo estas chocolatinas de huesitos, una por 50 céntimos y 3 por un euro". Cuando se fue más lejos le oí vagamente que recitaba una historia diferente pero igual de loca, la pena es que no me quedé con ella para transcribirla aquí.